lunes, 25 de julio de 2016

Nocturno


Respira
el aire nocturno
de la noche.
Filtra
el aire frío
de la bruma
que se extiende
en la ciudad.

Escuchas
a lo lejos
las alarmas.
Celulares
que se apagan
en penumbras.

Dime tu nombre
¿dónde estás?
¿llegarás?
Dime dónde
encontrarte
y mirarte.

La fuga
nocturna
en la desdicha.
El fuego sombrío
Musa Triste
Musa Fría.

Soy un lobo
solitario

y tengo frío.

martes, 12 de julio de 2016

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA



«Orompello 1300»
Observé la plaza de departamentos y me aseguré de que la dirección anotada en el papel que tenía en mis manos fuera la correcta. Elevé la vista con ayuda de mis pies firmes en el suelo y logré ver, con un poco de esfuerzo ocular, la casa 6ª la cual debía haber llegar hacía siete minutos.
El cielo estaba ligeramente nublado y no se veía ni un retazo de cielo azul, pero no parecía que fuese a llover. Tampoco soplaba viento. Las ramas de un frondoso sauce colgaban hasta el suelo inmóviles. De vez en cuando, un pájaro se posaba en las ramas para enseguida alzar el vuelo. Entonces las ramas se estremecían suavemente, como un corazón turbado, y al poco rato volvían a inquietarse.
Abrí la puerta metálica negra del recinto y la cerré con cuidado. Caminé tranquilo y lento hasta la puerta que tenía dibujado el número 6. Toqué fuerte. Cinco veces.
Abrió una mujer rubia, sonriente.
—¿Vienes al taller?
—Sí.
—Yo soy Macarena, la encargada de dictar el taller. Entra —dijo sonriendo.
Entré pensando en una cuestión muy simple: «Así que esta es Macarena Reyes, la escritora que daría el taller de “escritura creativa”. Como era de esperarlo, es una completa desconocida, para mí y, muy probablemente, para el común de la gente». Macarena se puso a caminar a mis espaldas hasta que entré en una habitación pintada de color amarillo. Había diez taburetes colocados en círculo, sobre los cuales había ocho personas. Sobraban dos espacios, me acerqué con cara amistosa y me senté. Pero no pude evitar continuar mis tribulaciones: «Hay más gente de la que pensé que vendría. De seguro esta gente cree que puede escribir una gran novela, pero ninguno toma en cuenta un hecho particularmente importante: la famosa profesora es una maldita desconocida, sin mérito literario, que probablemente trabaja en alguna universidad y tiene un par de libros publicados, de los cuales la mitad deben estar, aún, en su casa».

***

Cuando llegué a casa, Julio Silva y Nicolás Toledo estaban esperándome viendo televisión.
—Amigo mío, ya llegaste —dijo Nicolás.
—Así parece —contesté mientras dejaba mi mochila sobre una mesa.
Los muchachos habían llamado en la mañana para juntarnos aquella tarde y beber algunas cervezas y perder tiempo fumando marihuana o alguna estupidez de ese tipo.
—¿Y qué tal estuvo el taller de escritura? —dijo Nicolás.
—Fue similar a una clase de yoga: miles de ejercicios prometiendo la paz mundial.
Esa noche terminamos borrachos y muertos de risa hablando sobre estupideces ocurridas durante la semana en el trabajo de cada uno. Al terminar la tertulia, a eso de las 4 AM, fui a mi habitación y encendí la laptop. Tenía pensado aprovechar la borrachera para escribir, ejercitar las manos más que nada.
De pronto recordé el taller de la tarde.
Abrí el Google y escribí: «taller escritura creativa macarena reyes». 
Aparecieron varios enlaces con el afiche en .pdf que me había llegado al correo. Salvo uno, los demás eran links random. Hice click en el link que llamó y atención y llegué a aquella página que reforzó mis argumentos sobre aquella escritorcilla: tenía blog.

miércoles, 6 de julio de 2016

Por favor, lea los siguientes párrafos.


¿Cuántas veces al día ves escrita la palabra GOOGLE? 
Jamás te has puesto a pensar en ello. Estoy seguro que pueden ser más veces de las que te imaginas. Estoy seguro, además, que, aunque te lo propongas, nunca vas a poder llegar a un dominio mental capaz de concentrarse de forma tal que te permita estar atento al conteo de esa palabra. 
Te lo apuesto.
Inténtalo. Pierde.

domingo, 3 de julio de 2016

FRAGMENTOS COMPLETOS

                 [ Notas de escritura ]

I. Laika solitaria

Te imagino en tu habitación cepillándote el cabello al ritmo de Aleah. El día está despejado. Vives en una casa de dos pisos. Eres rubia y estás sola. Nadie anda afuera no adentro de la casa, donde solo se escucha el rebote de aquella canción ‘Vapour’. 
Estás en el segundo piso. 
Te observo, no sé desde qué lugar exterior, a través de la ventana. 
Escribo estas líneas desde un punto cuyas coordenadas son difíciles de descifrar. Lo más cercano es decirte que la ciudad es Chiguayante y estoy en mi pieza, sobre la cama escribiendo en mi laptop, mientras escucho la canción Vapour de Aleah. Son las 2:21 AM. De seguro nunca vas a leer estas palabras, pues perteneces a otro mundo, uno del cual nunca podrás salir. 
Porque, en realidad, tú no existes, Laika solitaria. Solo eres la repetición de algún deseo que se concretó dentro de mi cabeza. Solo eres una silueta imaginaria: una mujer rubia, en alguna parte, que se siente igual de solitaria que yo. 


II. Fantasmas 

Hoy por la mañana miré el espejo del baño y me vi con esa mirada de cansancio que tengo. Vi el rostro de cada día: un reflejo de mi espíritu, igual de vacío que siempre. 
Lo único que tiene sentido en mi vida es la escritura, pero no logro encauzarla con ninguna finalidad. Escribo sobre un barco sin puerto. Necesito a alguien, a algo, que me derrumbe el planeta para replantear todo. 
O tal vez estoy enfermo y, a pesar de lo que haga, todo va a volver a ocurrirme, como dijo mi amigo Antonio: «te vas a seguir sintiendo mal, pues estás loco». 
Ayer salí de juerga con Ignacio. Gastamos el dinero suficiente para pasarlo totalmente bien. Bebí mucho e, incluso, comí papas fritas. Fumamos marihuana y bailamos con algunas chicas. Me encontré con amigos que no veía hace harto tiempo y con personas a las que quisiera no haberme cruzado. 
Pero lo más importante de la jornada es que me encontré con todos mis fantasmas. Vi a tipos exitosos de los que tuve envidia y miré a mujeres a las cuales quisiera tener entre mis brazos ahora mismo. 
Entonces, siento que escribo y escribo, sin parar y sin deseo. Escribir me hace sentir bien, pero no sé qué tanto me motiva. 
A veces pienso que escribo por miedo al futuro, por miedo a terminar igual que todas las demás personas, por miedo a llegar a viejo y recriminarme por no haber seguido escribiendo. No quiero llegar a viejo y decir: 

—Todo esto pudo ser de otro modo. Un mejor modo. 

Más allá de esta esto, no entiendo para qué estoy vivo. 
Entonces invento situaciones, personas y mundos. Aparecen en mi cabeza miles de Laikas solitarias y lugares desolados, de día y de noche, de invierno y verano. Da igual, puedo escribir sobre todo, pero nada me satisface. 
Estoy incompleto. 
Y cada una de las partes que me faltan son mi escritura.