sábado, 30 de abril de 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

o

Este cuento jamás podría haber sido escrito sin un computador.





El baciyelmo sale desprendido de su cabeza, pues el calor de la aquella tarde cuya fecha no recuerdo (porque hay demasiada información en internet[1] como para retenerla) es abrazador y porque el hombre ha notado que tiene una nueva afrenta ante sus ojos. «Solo la internet puede salvarme», piensa. Y es que además piensa que en ella está todo, incluso la solución al problema de los molinos de viento. Entonces @Quijote sube una fotografía simbólica (con filtro Gingham effect[2]) de los molinos que tiene en frente, con el siguiente posteo en Twitter[3]: «Necesito ayuda para combatirlos @Sancho1605 @DulcineaDT», esperando que alguien haga eco de su necesidad.

El tuiteo merodea por todas las redes sociales en busca de una respuesta. Alonso Quijano (pues así se llama en el mundo real), fiel a su siglo XXI, espera la respuesta procrastinando en la revisión de información aleatoria en la red. Mira las noticias del fútbol y le da impotencia ver cómo roban los dirigentes de cada país; luego pasa a las noticias de política y le dan ganas de golpear a todos los políticos, pues estos roban aún más que los anteriores. Después se pasea por diferentes páginas culturales para ver las críticas de libros, y a raíz esto último decide que dejará de leer novelas, pues los best sellers[4] de hoy en día no son como los de antaño, como su olvidado Amadís de Gaula. Sin darse cuenta, termina viendo las noticias de farándula e, incluso, divertido con ellas.

En medio de esto, el hambre hace su aparición y el hombre recuerda que guardó en su termo un litro de café que compró en el Starbucks[5] del pueblo anterior. Bebe tranquilo, obviamente después de tomar la fotografía correspondiente, subiéndola a Instagram[6] y avisar lo que hace con un certero «Bebiendo el mejor mokaccino de España».

Alonso decide aprovechar este momento para disfrutar del día que tiene ante sus ojos. El sol cruza el cielo con tranquilidad y las nubes, traviesas siempre, rompen el cerúleo fondo. Observa un ave que se posa en un árbol y toma un gran respiro de aire limpio. Esta sí que ha de ser la vida. En medio de esta ensoñación, comienza a sonar un tono de notificación. «Mi tuiteo ha sido un éxito», piensa para sí mismo.

Revisa la red social y se sorprende y maravilla al notar que le han respondido, nada más ni nada menos, que dos personas: @Sancho1605 y @DulcineaDT. Emocionado, quiere ver las respuestas de inmediato. La del primero dice: «No sabría qué decirle, señor»; y la segunda: «Ya andas haciendo estupideces otra vez, idiota».

¿Qué hacer, entonces? Sus dos personas de confianza parecen desearle diferente destino. Se dispone a contestar algo serio, exigiendo propuestas certeras de acción, quizá un mensaje grosero, quizá demasiado grave debido a sus dudas. Repasa sus conocimientos léxicos para insultar personas y se le vienen a la mente muchos calificativos que utilizar: raspamonedas, tragavirotes, lechuguinos, zurumbáticos, estafermos. Ya quisiera él escribir cada una de esas palabras.

Pero de pronto algo le ocurre. Al observar los molinos nuevamente, pareciera que la furia que tiene dentro suyo comienza a desvanecerse. El Quijote se pone de pie y vuelve a subirse sobre @Rocinflaco. Con toda calma le ordena «Andando» y parten en dirección a los molinos. «Total, ya todos me consideran un loco, puedo hacer lo que quiera», le dice a su caballo y, sin pensarlo dos veces, sobre la hierba tira su Smartphone[7].



[1] Mundo virtual inventado a fines del s. XX y que se siguió desarrollando en el s. XXI.
[2] Filtro de fotografías disponible en la app Instagram para edición de imágenes.
[3] Red social en la cual cada posteo puede tener un máximo de 140 caracteres contando los espacios.
[4] Novelas modernas de alta demanda y bajo contenido. Académicamente consideradas como metaliteratura.
[5] Cadena mundial de puestos de café dirigido a clientes de alto nivel socioeconómico.
[6] App creada para subir fotografías y compartirlas con quienes también poseen la app en su dispositivo IOS.
[7] Smartphone.

viernes, 29 de abril de 2016

PARADOX

¿De dónde olvido, Experiencia?
¿Cómo rescato momento simples
del día a día
para dárselos al eterno
Futuro?

El dios Futuro,
la diosa Calma,
el ángel Turbio
en la ciudad de Olvido
entre miles de seres
que viven
como hormigas
entre la basura
que ellos mismos producen.

[[ ...el ser humano es el único animal que amenaza su propia especie]]
Lo leí en las murallas de mi pueblo
y en los rostros de cada abuelo,
ahí también los leí.
( quizá también en tu mirada
si en mi camino te vi )
Mandé a la mierda todo,
pues tenía un mal día,
cambié el rumbo por el cual me dirigía.
Subí en un taxi y dije: "Quiero irme"...
"Ya quisiera lo mismo yo",
el taxista respondió.

Pon una canción que te guste,
abre las ventanas,
observa el horizonte que te has forjado
y sonríe.
Solo así tal vez comprendas
el sentimiento que tuve
aquella noche
en que tuve todas las experiencias de la raza humana.
Aquella noche llena de aquellas luces únicas
de nuestra generación.
Azul, morado, rojo, verde,
mujeres y hombres bailando,
cantando,
amando.
Los vasos de un lado a otro
el olvido en cada poro,
la ausencia de todo dios,
de toda muralla
de toda ciudad.
El olvido de todo.
El olvido de todo.
El olvido de todo.

Carecer de algo



El tiempo a veces se vuelve
una parte inútil
de la existencia.
El paso de las nubes no cambia
a ratos
mi forma de pensar.
Ya fallé el romanticismo,
ya busqué el realismo,
he estado no buscando
lo que termino encontrando.
Se vuelve un precipicio
el inicio del camino
provocándose un abismo
entre yo
y la ficción.
Vuelco todo al mundo
con la mente en lo profundo
de un recuerdo furtivo
que se olvida
y termina
saliendo tranquilo
hacia un lugar lejano
del cual nadie
puede
escapar.

Sin embargo me doy cuenta
de que sigo escribiendo
sin un fin
ni un motivo.

Música



De los pocos escapes que he encontrado
la música,
que maltrata y destruye
que llora y grita
se ha vuelto el lugar único
donde converge la vida
y la sensación de hastío.

¿Dónde terminarán de llorar
los gatos en la noche?
He oído a perros corriendo
y los he visto sonreír.

Describo la nocturna
sensación de la música
que se proyecta sin sentidos
sobre la existencia de mi cuerpo
en la habitación vacía.

La decadencia,
la velocidad,
la tensión y la visión
de un futuro desconcertante
solitario
inaudible
en donde encuentro cada día
a personas transitando
con la única compañía
idiota y estéril
de un par de audífonos
mientras van cruzando la ciudad a mediodía.

Solo pido a los demás
que se vuelvan a mirar
las cosas que producen
el sonido
que tanto admiran.

La aparición de la vida



Acabé contigo
al apocalipsis de la media noche.
A la transposición del tiempo,
al dictamen perpetuo de la mora
yo no he vuelto a observar.
Tú eras el tiempo
y marcabas respeto
al tiempo de andar.

Ya he vuelto a la vida
al pavimento neutral
a la esquina escondida
( y perdida )
al andar.

Ya no sé si el mundo
nos va a escuchar
en un canto tan noble
y dispar.
He vuelto a la lluvia
a las luces de las calles.
He vuelto al frío
al ajetreo diurno,
a la velocidad de las calles,
al amanecer del gentío.

BUSCO
( dos puntos ):
la aparición
de la vida
en cada bus,
en cada metro,
en cada taxi,
en cada
esquina.

Un tipo perdido



La noche me recuerda
a un viejo amigo
del dolor testigo
( en algún lugar debe estar
colgado ).

Bajo lúgubres gritos interiores
comenzó su entierro
en la depresión encerrado
( creo que lo he visto en
mi ciudad ).

¿Qué será de este tipo
que se ha encadenado
a las puertas del Dolor
y que incluso
se ha acostumbrado?

Empieza andar
como alma en pena,
en su propia casa
como en casa ajena.

Puedo imaginarlo sentado
a orillas de una escalera del metro
asfixiado
por su propio pecado
( me contó que fue feliz
durante una noche
en un boulevard ).

No caigo ya en la cuenta
del lugar
en que hoy se encuentra
( es un recuerdo amargado
por el tiempo
y sus propios engaños gastados ).

Ese tipo perdido se encuentra
en cada rincón
y en cada esquina
donde yo no miro
ni tú miras.

Nocturno



Ya solo me queda tu recuerdo
para satisfacer mi ira.
No tengo más que un par de imágenes
rápidas y confusas
dolorosas
espinas del alma
dolores de venganza
en los que me refugio
para pensar lo que me ocurre
y ver qué puede pasar cuando lleguemos
a "algún lado"
como decían los demás.

Ahora te imagino vestida de azul
con una sonrisa ancha
y el pelo tomado
porque así quiero imaginar
que estarás
a cada momento
a cada segundo
dentro de
mi recuerdo.

No dejaré de pensarte
aunque caeré de nuevo
y sufriré en silencio
como cada vez.
Ahora soy más iluso que antes.
Creo en el sol y en la luna,
en las estrellas y en vos.
Y pienso en finales tristes
para que ocurran de una vez
y no vuelvas a aparecer
nunca
más.

Este es otro poema
que no leerás.

MIÉRCOLES 30



Soy como las aves en el cielo
que cruzan volando las noches de lluvia
en compañía del viento
y de las miradas ágiles
de aquella persona solitaria
que levanta su rostro a las monedas.

A las 8 PM
todos corren por las calles de la ciudad.
Quizá nadie está feliz
con su trabajo.
Quizá nadie está feliz
con su tragedia.
Tal vez alguien quiera oír
su nombre y su comedia.

miércoles, 27 de abril de 2016

Atención a los números.

1.          2015

¿Qué mierda es el talento? ¿En qué consiste la fama? Mi anhelo profundo, trágico, me provoca invitaciones imposibles al vacío. ¿Dónde voy? ¿Qué importa? La razón de mi escritura se pierde entra las palabras que escribo. Busco un libro que está en alguna parte.
Podría quedarme toda la noche escribiendo sobre diferentes aspectos que me llaman la atención de, por ejemplo, escribir, o de los libros y de las proyecciones que eso puede traer a mi vida. Pero no lo haré porque no existe una razón que me empuje a hacerlo. ¿Para qué escribir sobre esto?
Alguna vez caí (y tantas veces fueron) en la ilusión de que un texto hecho por mí (fuera el que fuera) llegara a tener tal nivel de calidad, que emocionara al lector que lo leyera, en cualquier momento. Pero esas cosas no ocurren, creo.

¿O acaso lo que acabo de escribir hace eco en alguna mente?

Los ejercicios de escritura pueden terminar bien o mal. Bien en la medida que ayudan a trabajar el arte de escribir en beneficio de una técnica y estilo propios. Mal en tanto lo que se escriba o tenga sentido o no logre llevarse a cabo.
¿Pero quién delimita si el texto es exitoso? ¿el autor? ¿ el lector? ¿ nadie? 
A veces pienso en una narración total, que llegue a todos lados: que sea novela, que sea poema, que sea artículo de divulgación científico y crónica. Pienso y pienso y doy vueltas al asunto sin llegar a ningún lado. ¿Podré convertir este texto en una narración ficticia justo en el momento en que empiezo a perder el control?

2.          3044

El texto del apartado anterior fue lo último que se encontró en aquel planeta llamado Tierra. Según las informaciones que manejamos, corresponde a un escrito de carácter ficticio, más precisamente, un ensayo.
No tenemos información del autor, más allá de algo como "humano habitante de la zona ecuatorial". 
Nuestros científicos se encuentran desarrollando una gran variedad de hipótesis que nos ayuden a dilucidar una respuesta a esta gran interrogante: ¿Quiénes eran ellos?

Archivo encontrado en algún computador

El siguiente texto corresponde a la transcripción de una ponencia sobre ciencias, filosofía y arte encontrada en un computador cuyo dueño se desconoce, así como el autor de dichas palabras lo es:

2. La explicación del sufrimiento.

El sufrimiento se origina por el encarcelamiento de ideas. No hay nada más peligroso que un ser humano a solas con su mente. Las ideas fluyen desde el interior al exterior y desde el exterior al interior, en un ciclo continuo, perpetuo y tranquilo que nos ayuda, de cierta manera, a oxigenar nuestra mente. El problema ocurre cuando esta oxigenación deja de ocurrir en cualquier nivel. En el momento en que una idea queda adentro y no logra salir, comienza el sufrimiento. Nuestro cerebro es un espacio abstracto al cual se entra a través de una metafórica puerta. Es allí el lugar en el que ocurre el intercambio de ideas entre el exterior y el interior. La naturaleza de las ideas, en estricto rigor, no se conoce aún. No es posible decir en qué lugar se generan y en qué lugar se degeneran o destruyen o desaparecen o transforman. Las ideas son entes de la mas pura abstracción humana. Dejo esto en claro porque todo lo que digo no es más que otra idea (que yo encuentro positiva, beneficiosa).

¿Es esto ficción...?

... ¿Hacía dónde estoy yendo?

Te pido ayuda, lector...

Crack Skunk

Hablemos de lo blanco y
claro
que será Tokio.
Tratemos de entender la búsqueda
que estoy creando
paso a paso.

Creo que la sabiduría
se encuentra
adentro.
Ando entre los arbustos
sin mirar
el bosque.

Pensemos en la realidad
que va a brindar
una calle desde la cual
pueda ver
el monte Fuji
y la caída de agua
de un departamento de 2x2
esperando que alguien
grite:
Skunk.

Crack Skunk.

Tristeza a la Fuerza



Navegando en la agonía del futuro
la Soledad acompaña los pasos del hombre
que acabará con la ruina de la población,
destruyendo la sociedad y los medios
que la comunican.
La servidumbre de la televisión
se opondrá inconscientemente a todo,
pues están dormidos
y no han pensado en cómo
van a terminar muriendo en vida.
El drama está en que de algún modo
todos los demás
creen poder solucionar tus problemas,
pero tus zapatos
siempre serán solo tuyos,
tus poleras
siempre serán únicamente tuyas,
tus pantalones
siempre serán absolutamente tuyos,
a nadie le quedará nada igual que a ti,
nadie sentirá el peso
que tienes vos
sobre los hombros,
ni las culpas invisibles
que te ahogan cada noche.
Aparezco convertido en lobo o en cabra, sin quererlo
sin pensarlo
ni buscarlo.

Hoy he decidido que
aparezco desde mi propio interior
con la fuerza descomunal
y destructiva
que ya tengo años hirviendo.

Soc-iety

Vivimos en la Sociedad del olvido, de la apariencia y de la explicación simple. Explicamos las cosas a través de una puta foto, una imagen que, si bien puede significar muchas cosas, se queda en la significación del olvido: da lo mismo qué estamos haciendo, lo que importa es que salgamos bien en la foto.
La acumulación de gente nos invita a mentir, a sentirnos bien o mal si los demás lo aceptan o rechazan. 
La culpa no es de la Sociedad, sino de cada persona que conforma y apoya las bases de dicha (vaga) idea. No sabemos por qué hacemos lo que hacemos. ¿Para qué usamos Facebook? Le damos importancia a una red social luego de llevar 2, 3 o 4 años metidos en ella cada maldito día. Es obvio, tras tanto tiempo, algo debemos hacer ahí dentro que nos quite un par de horas al día. A pesar de ello, todo acto que hagamos ahí, dentro de cualquier construcción social, tal como una red de internet, no tiene un real impacto en la vida que sea tal que no podamos superarlo.
Y lo mismo va a ocurrir con Twitter, Instagram, Whatsapp, por muy inofensivas que nos parezcan dichas aplicaciones. Cada pedazo de internet nos invita a mostrar una parte íntima de nosotros, borrando inmediatamente cualquier idea original de privacidad.
Consideramos que la "privacidad" es que, en internet, solo puedan ver nuestros datos y gustos (o lo que hacemos) las personas que nosotros queremos, olvidando que, a pesar de ello, estamos entregando información valiosa y personal a una empresa de la cual no sabemos nada. ¿Para qué ocupan el hecho de que te guste escuchar Explosions in the Sky? ¿Por qué nos dan la opción de crear "grupos" en los cuales solo hablamos con personas selectas? ¿Dónde queda guardada/encriptada cada conversación que tenemos de forma "privada"?
La Sociedad está cambiando, y el problema es que no lo hace a consciencia. No diré que está mal u horrible, pero sí comentaré que nos falta lucidez, pensamiento, autocomprensión. Hacemos cosas que para la Sociedad están bien, pero que para el individuo están mal. Nos obligamos a usar zapatillas caras, no porque sean buenas, sino porque una marca entrega prestigio. No nos interesa que la chaqueta abrigue tanto, más nos importa que sea de una marca reconocible.
Como nunca en la historia de la humanidad, cada persona se preocupa de su aspecto. Sabemos que todos nos miran y que cada persona emite un juicio sobre nosotros. Eso no es malo en sí, es una actitud que ha existido desde que el mundo es mundo, el problema cae en que cada movimiento social que hacemos, prácticamente, está moldeado por dichos comentarios de otros, ya sea para evitarlos como para fomentarlos.
A esto lo llamamos vicio.
Tal vez es por todo eso y más, que intento alejarme de todos.
Y sé que me hago un daño, pero tal vez ese daño dure poco en comparación a lo que pueda traerme. A pesar de ello, sé que tal vez mi idea no sirva de nada. Me veré diciéndome a mí mismo "te alejaste para nada", pero si eso ocurre tendré que volver, olvidar, andar hacia adelante.

Qué chiste



Qué graciosa que es la vida
cuando nos comparamos.
Yo no sirvo para esto
y vos no te atreves a hacer aquello.
Tú trabajas y ganas dinero
yo escribo
y me muero,
me enamoro
con facilidad
y tú conduces tu Mercedes a gran velocidad
cruzando la cuidad,
sin mirar
atrás.

Entonces comienzan los juicios
y se juzga a un tipo que pide dinero en las veredas
y en las noches tiene como techo las estrellas.
Le dicen Vago
le dicen Mierda
lo tratan con desprecio
y le tiran monedas
en un sombrero del año '89.

Qué chiste puede tener
la vida si no conversamos
sobre las estupideces que nos pasan
como mi odio por los paraderos
o tu amor por las plantas
de marihuana.

Ayer me caí ante la presencia
de la mujer que me gusta
y todavía
la vida
sigue igual.

Qué manera de haber chistes en la vida
de tirarnos al suelo
y hacernos llorar
y reír
como si a nosotros
no nos importara.

Agua



La lluvia pincha los techos de cada casa
y el pavimento se llena de posas
que pisan ruedas
en cada esquina.
Ruido
en los costados de las panderetas
y un cigarrillo
que se inclina al cielo y busca
la siguiente bocanada.
La pregunta de frente a las monedas,
con los ojos cerrados,
con las manos frías,
con los metales amarrados
a cada pie.
La ciudad
se pierde
entre el tráfico.

martes, 26 de abril de 2016

Viajar a Mantuá


—No puedo. Tengo cosas que hacer en Mantuá.

—¿Acaso allá la comida es distinta o la música suena diferente?

Afuera del restaurant las pocas personas que caminaban rápido, aumentaban la sensación de incomodidad y estrés que sofocaba Raúl y Clina. Parecía que el calor iba a dejar a todos pasmados. 
Raúl quería correr. De pronto muchas cosas aparecían en su cabeza. El diálogo que sostenía con Clina se volvía repetitivo, como si antes lo hubiera tenido con alguien más. Viajó a sus años de niñez, a ese tiempo desigual para el alma y el cuerpo en el cual nada tenía mucho sentido. Una fatiga, conocida pero sin germen, comenzaba a subir por su abdomen. Tomó un poco del jugo que tenía sobre la mesa.

—No quería decirlo, pero sí, allá todo es diferente... allá todo es tan diferente.

Clina escuchó atenta, en silencio. ¿Sería cierto todo esto? Nada le había hecho presagiar que Raúl diría tales palabras durante el almuerzo. Creyó, mientras conducía al lugar, que la conversación se mantendría con la desconfianza de quien ha sido infiel, pero con la tranquilidad que la adultez entrega.
Mas, de pronto, todo se había vuelto «demasiado real» para ser aguantado con la indiferencia que acostumbraba mantener en situaciones difíciles. Se sintió transpirar en la frente. Un leve temblor cubrió su tobillo izquierdo. Agradeció, misteriosa y personalmente, que la mesa no dejara ver, de forma clara, los negativos de su nerviosismo.

—Disculpa si te hago daño. Pero no voy a poder quedarme en este pueblo para siempre. Ni aunque te ame —dijo su acompañante.

Raúl sabía que cada palabra que salía de su boca era una verdad terrible. Se sentía como un cuerpo sin alma. Creía ser un canal para una voz que venía desde otra parte, una voz que, lamentablemente, decía la verdad sin pensar en las malditas consecuencias.

—Entonces te vas a ir a Mantuá.
—Y voy a tener que olvidarte.

Clina sabía, furtivamente, que Raúl no la invitaría a viajar con él a Mantuá. Entendía, con la razón que los años agregan a nuestra memoria, que debía quedarse sola porque aquel a quien ella amaba ya había dejado de hacerlo. La relación dejaba de ser recíproca y todo se volvía odio.
Entonces tomó su última opción. Abrió la caja de Pandora de su mente y soltó las palabras que no debía utilizar ni en ese momento ni nunca.

—Olvidaste todo entonces. Olvidaste que me hiciste perder años hermosos por estar contigo. Olvidaste todo lo que tuve que pelear por estar junto a ti y olvidaste, claro, todo lo que tuvimos que pasar durante el mes de octubre de hace dos años.

Se quedó muda. Habló y mantuvo su mirada impasible en el rostro de Raúl. Esperó una respuesta durante unos segundos lamentables. Y aguanto su furia hasta que la vista se le desvió y chocó contra la pantalla de un televisor que se encontraba al fondo del restaurant. Ahí descansó su mente, en esa acumulación irracional de imágenes sin sentido.
Raúl sintió que el mundo se le derrumbaba una vez más. Extrañamente ya nada dolía. Era un derrumbe falso, una ficción de su cerebro. ¿Por qué algo que, se supone, era tan terrible, no lograba calar en su corazón, haciéndolo razonar? Dudó un momento, sí, no podía negarlo. Quiso decirle a Clina que no olvidaba, que todo parecía un arrebato, deseaba decirle que nada podía ser así de real y que él, tan cruel y canalla, se había equivocado. Quería decir, sin temor al arrepentimiento: «Me quedo acá contigo. Volvamos a casa».
Pero, como es sabido, de su boca jamás salieron estas palabras. Entonces fue cuando se sintió profundamente cobarde. No era posible que él, un profesor consagrado en pocos años, no tuviera qué decir o, más bien... no se atreviera a decir aquello que sus pensamientos elucubraban.
Una nube ligera cubrió, por un momento, el cielo y proyectó al suelo un plácido y agradable gris. La sombra, gigante, tapó las calles y los perros pudieron descansar de la ola de calor. Clina y Raúl miraron afuera del restaurant, esperando que algo (o alguien) pasase para tener una excusa de hablar.
Por esto quizá, fue algo parecido a una bendición el cruce de Alejandro por afuera de la ventana. Ambos lo saludaron. Alejandro sonrió y elevó tranquilamente su mano, a la vez que fumaba un cigarrillo.

—Supongo que no vas a decir nada —fulminó Clina.

Raúl sintió que se caía a un pozo. Creyó que le faltaba el equilibrio para contestar a dichas palabras.

—Creo que me voy a ir.
—Eso faltaba... que arrancaras.

Raúl se contuvo. Creyó que ante esa provocación se atrevería a patear una silla y escupir a Clina. Por su cabeza se cruzó la palabra «Puta», pero él sabía que jamás se lo diría. Ella no merecía ese trato.

—A veces es mejor arrancar —acabó diciendo.

La taza de Clina proyectaba el vapor del café hacia el techo del lugar.

domingo, 24 de abril de 2016

Fue/Era


¿Quién sabe más?
¿Quién sabe menos?
¿Quién tiene más?
¿Quién tiene menos?
¿Quién es más rápido?
¿Quién es más lento?
Porque yo me desgarro los pies
a través de la ciudad
y sin que tú me oigas yo existo.
¿Quién puede más?
¿Quién puede menos?
¿Quién sufre más?
¿Quién sufre menos?
Me pierdo
atacando la noche
mientras la lluvia me da en el rostro.
¿Cómo vuelvo a lo esencial?
¿Quién vuelve
y quién no vuelve?
Se me vuelve desastre la escritura
cuando pienso demasiado
cuando olvido que una brisa
puede cambiar al mundo.
Mi voz se convierte
en el aleteo de una mariposa
sobre alguna flor del mundo
en algún punto
del universo.
¿Quién decide la forma de caminar
del planeta?
¿Quién decide?


¿Quién no decide?

Toda la rabia vuelve al hogar


Al final de la tarde Claudia se encuentra en la última habitación de la casa, aquella contigua al patio trasero. Desde allí escucha las voces y los gritos de sus hermanos que juegan de un lado a otro ahí afuera. Cada vez oye los ruidos más lejanos. Claudia llora y siente que en su interior algo se está apagando sin saber qué es. Observa las fotografías que hay por todo el cuarto. Le traen recuerdos y vaga por ellos un rato. Sin darse cuenta va cayendo en un sueño tranquilo, como si su cuerpo jamás llegase a desvanecerse por completo.
Se oye un bocinazo en alguna parte. A lo lejos, condimentan la escena unos ladridos de perro. El sol parece haberse olvidado de observar qué ocurre y se esconde atrás de una nube gigantesca. A estas alturas Claudia ya no es capaz de ver el sol y quizá ni siquiera recuerda su existencia. Sus ojos, cerrados, denotan el dolor que se encuentra encerrado en su alma. Algo ha ocurrido y nadie más que ella lo sabe.
Cuando comenzó la revolución de la internet en los años noventa, pocas personas supieron que esto traería un sinfín de consecuencias positivas y negativas. Hoy no era necesario tener un computador para acceder a la información. Bastaba un Smartphone cualquiera y una conexión básica a internet vía datos. Por cuatro mil pesos podías navegar toda una semana fácilmente. Esto es importante, pues la inmediatez que comento propició que Claudia llegara durante la madrugada de un domingo, a su casa, con un dolor muy grande, el cual deseó apagar de cualquier forma. Se encerró en esa habitación que hoy recordaremos como su última habitación, y comenzó a buscar diferentes palabras en el buscador Google.

Cómo matarse
Pastillas para suicidio
Cóctel para suicidio
Cómo suicidarse de forma segura

Nadie quiso seguir revisando las demás búsquedas que realizó, porque fueron muchas y porque era dolorosa la indagación. Lo que sí sabemos es que estuvo buscando, coléricamente, durante un espacio de entre tres a cuatro horas durante la azul madrugada de ese domingo.
Ahora Claudia está acostada. Bella y con dolor, duerme. Su cuerpo cayó sobre la cama en una posición incómoda. Pero eso no importa, pues Claudia no se acostó a dormir, sino a morir. Bajo su cama está un pequeño tarrito blanco de pastillas, vacío.

sábado, 16 de abril de 2016

4 Formas de ser ciudad



I

La gente cruza el pavimento húmedo con rapidez. No levantan la cabeza porque la lluvia puede darles en la cara y su vista quizá falle. ¿Te imaginas tropezando en mitad de un día lluvioso? ¿Imaginas qué pasaría si, además, alguien te ve? Se van a reír y el peso del mundo entero va a caer encima tuyo. Sería imperdonable. Una desgracia que ojalá le ocurriera solo a otras personas.

La gente cruza la lluvia como si tuviera miedo de algo. Un perro ladra y un ave quizá pase volando. Nadie prestará atención, salvo los jóvenes menores de treinta. Ellos tienen algo distinto, algo un poco más instintivo. No vinieron solamente a vivir, comer y morir. Ellos hacen cariño a los perros y dan dinero a los mendigos. Insultan a todo el mundo, pero en su fuero interno sienten compasión por lo que ocurre. 

Entonces la lluvia no les molesta como a otros. Ellos la cruzan hablando y riendo, con o sin paraguas. Con o sin cortavientos. 

Cae la noche y el frío de las calles empieza a hacerse presente. Dentro de una galería, los café comienzan a abrir sus puertas a la espera de aquellos clientes ignorantes con dinero. Las chicas llegan y entran al baño para quitarse la ropa abrigada que traen y ponerse a tono con el lugar. Es necesario estar encantadora para quienes frecuentan el local. Cuando están listas los hombres ya han comenzado a entrar a diversos pubs de la galería para empezar la diversión. La misión entonces es encontrar clientes nuevos. Deben hacer señas.

Existe una niña dulce. Aparenta más juventud de la que tiene. Pareciera ser de quince años y sonríe por el ventanal hacia afuera, a la espera de algún tipo que caiga en su trampa y empiece a tirar el dinero adentro. La muchacha solo lleva la parte de debajo de un bikini y arriba una polera. Con eso bastará, de seguro a alguien llamará la atención. Es necesario que así sea, pues de lo contrario la noche no habrá valido la pena.



II

Un ave cruza el cielo en un planeo perfecto. Una nube comienza a cubrir las calles y con ello tapa el sol, tranquilamente. Estamos debajo del techo de un paseo peatonal. De camino a la plaza podría contar a la gente que usa ropa formal y llegar a enumerar, de seguro, a más de cien imbéciles. Todos están ocupados, está de más decirlo. Tienen otras cosas más importantes que hacer. ¿Que acaso pretendes que pase a una librería cuando tengo pendiente una serie de televisión que veré por internet? ¿Acaso voy a disfrutar del cielo nublado cuando Twitter está que explota por el nuevo escándalo de la farándula del país?

No les molesta que la ciudad esté sucia (o quizás sí, pues hay que enojarse por algo) y jamás van a poner atención a la fea estructura de los edificios. Jamás harán una marcha multitudinaria por mantener el casco histórico y no los falos de cemento que, de a poco, se van irguiendo en cada cuadra. Nadie hará esa marcha, pues nadie va a volver a salir a la calle por un bien común.

Tal vez prefieren esa versión más compacta de ciudad. Ahí donde toman un café a las 9:30 AM y salen a colación a las 13:30 PM, pero solo por una hora, pues hay que volver al papeleo, al trabajo esforzado, a ganar el dinero para que nadie pueda decirnos nada, pues a fin de mes recibimos dinero y eso significa que tienes valor en sociedad. Además, así podrán beber sin que la gente pueda criticarles nada.

Por favor, no me jodas con huevadas. Yo quiero seguir bajándome de un bus a las 8:50 AM para entrar a trabajar a las 9 y escuchar una y otra vez la misma canción en la radio. A fin de mes me pagarán por eso ¿a ti no?



III

—Una taza más de café, por favor.

¿Quién diría que iba a llover hoy? Nadie se sorprende, así es el clima en este lugar. Puede hacer sol y luego llover a cántaros. Lo importante es que cierto tipo de gente disfruta de esto. De los vidrios empañados y las parejas bajo el paraguas. Hay quienes sienten nostalgia de algún tiempo remoto, olvidando el presente positivamente. Un anciano puede dar fe de ello, pues recuerdo que se le llenaron los ojos de lágrimas durante un par de segundos mientras cruzaba una de las calles más transitadas de la ciudad.

Una taza más de café y se retira, tranquila, sin apuro. Su chaqueta está húmeda, pero ella no siente que sea necesario quejarse. Afuera abre el paraguas y ve que no es la única. Una serie de pequeños círculos de color llena las veredas. Todos se prepararon, pues conocen cómo funciona la realidad acá. Comienza a caminar por algún lugar muy transitado, entra y sale de las galerías del centro, mirando vitrinas que tal vez tengan algo de su interés. Un vendedor ambulante se acerca a la gente. Nadie está interesado en los parches curita ni en los pañuelos desechables. Nadie lo insulta, tampoco. La muchacha sigue su camino, su cabello brilla.

Afuera el viento empieza a molestar. Los kioscos pierden algunas revistas debido a la lluvia. El humo de un cigarrillo se pierde en la delgada niebla. La muchacha avanza, debe llegar a casa.



IV

La gente siempre ha tenido interés por mí. Desde niño era el foco de atención en todos los lugares que concurría. Alguna muchacha me miraba, otra chica me sonreía. Me celebraban cada chiste, sin ser un tipo muy gracioso y, además de ello, me encontraban apuesto. Aprendí a convivir con esto a pesar de la molestia que me causa la mayor parte del tiempo.

Hoy le dije a todos que era momento de ir afuera. Si cualquier otra persona hubiera propuesto la idea, nadie hubiera dado su apoyo, pero por ser yo todos estuvieron de acuerdo. Se pusieron ropa abrigada y salimos. Afuera parecía no haber mucho que hacer, pero yo iba a encontrar la solución de una u otra forma. Decidimos caminar sin rumbo entre las calles. De una u otra manera encontraríamos en qué entretenernos. Mientras avanzábamos yo me preocupaba de observar a una de las chicas que nos acompañaba, pues me gustaba mucho. Ella me hablaba cuestiones sin importancia a las cuales yo no prestaba atención.

De pronto alguien decide que tenemos que empezar a correr por el parque pisando las pozas de agua. Todos están de acuerdo. Hay que divertirse de algún modo. Cambiamos de rumbo, entonces. Parecemos una fila de estudiantes en un paseo de curso. Pero a nadie le importa. Nadie nos ve, nadie sabe qué haremos. Todos notan nuestras chaquetas, como máximo. «Se van a mojar si no llevan paraguas» dirán, como máximo. Pero ahí quedará. Nadie se meterá más allá en nuestros asuntos.

A nadie le interesa nuestro presente ni nuestro futuro.

sábado, 2 de abril de 2016

Ideas que vuelan


Últimamente me ocurre que, al mirar una fotografía, inmediatamente se me aparece un relato que podría terminar en una gran novela o, al menos, en un cuento modesto. La fotografía, sea como sea (en blanco y negro, sepia, negativo), me llena la cabeza con alguna sensación (que puede ser cualquiera) en cuestión de microsegundos. De ahí en más, intento escribir. Pero siempre tengo el mismo problema: todo termina en nada. Simplemente no llego a puerto.

No termino los cuentos o las novelas ¡ni los poemas! que se me pasan por la cabeza. Es como si las ideas volaran y el cielo (todo lo que comprendemos como 'cielo') fuera el espacio dentro de mi cabeza. Siento, entonces, que estas ideas literarias pasan por ese cielo, tranquilas, planeando, mientras yo las observo desde el suelo.

He aquí una de esas piezas que recogí, con mucho rigor, desde mi cabeza:

MIÉRCOLES 30

Soy como las aves en el cielo
que cruzan volando las noches de lluvia
en compañía del viento
y de las miradas ágiles
de aquella persona solitaria
que levanta su rostro a las monedas.

A las 8 PM
todos corren por las calles de la ciudad.
Quizá nadie está feliz
con su trabajo.
Quizá nadie está feliz
con su tragedia.
Tal vez alguien quiera oír
su nombre y su comedia.


Al terminar (de escribir, más allá de terminar la idea, pues esto no ocurre) noto que existe una intención de desarrollar algo. ¿Qué?, no sé. Entonces leo y releo, con la secreta esperanza de encontrar algo rescatable. De este modo he encontrado rimas y secuencias silábicas interesantes (un endecasílabo o, incluso a veces, entidades complejas como el soneto o el romance).
Tal vez pensarás que estoy siendo demasiado exigente con mi escritura (o tal vez estas de acuerdo con que, efectivamente, no está bien ejecutada), pero no puedo quedarme en silencio ante lo que no me contenta. ¿Estaré buscando una nueva noción de literatura? Tal vez intento cruzar una línea que no soy capaz, siquiera, de comprender. Siento que me encuentro exactamente sobre una línea limítrofe entre la realidad y la ficción.
¿Soy yo quien escribe? ¿Soy la misma persona que cuenta esta historia? A ratos esta pregunta se vuelve circular. No llego a su solución. De modo tal que estoy solo en esto. Porque un lector jamás podrá ayudarme, ya que desconoce, al leer, qué cosas son reales (es decir, me ocurrieron) y cuáles pertenecen, en su totalidad, al campo de lo ficcional (es decir, lo que he inventado).
¿Cómo puedes, por ejemplo tú que lees, saber si este problema que acabo de desarrollar es real o ficcional?