sábado, 12 de septiembre de 2015

Fiction



A mitad de la ciudad
veo un caballo pastando.
¿Realmente estoy tan solo,
Dios?
Porque los vehículos que cubren las calles
me llenan el alma de espacios,
de distancias entre
una
y otra persona,
a pesar de las fiestas.

Un vacío inmenso
completa las pocas partes
que desconozco de mi vida.

Entonce vuelo
y siento el viento entre mis dedos
y mis párpados sensibles publican al agua,
sin permisos, expectantes,
a contraluz.
Un desarrollo de la tarde en sepia
me hace imaginar muchas cosas.

Aparece
alguien.
Apareces
vos,
tan repetidamente,
tan audaz
y en mitad de un misterio.

Y entre más te desconozco,
mi vida da más giros
en busca de un nombre,
un rostro,
una silueta y un color de cabello.
¿Serás en alguna esquina?
¿Serás en alguna plaza, un parque
o una calle?
Quiero entenderlo,
porque llegará
lo inevitable,
lo más terrible y peligroso,
que es
un ser humano
aislado y solo
con su mente.

Al final da lo mismo
y esto lo he dicho tantas veces
que esa Cura
ya no me sirve de nada, y
siento que es
como consolar al mar
o a una tormenta
a mitad de una ciudad triste
en la cual nada ocurre.

La ciudad muere
y se llena de imbéciles que creen
saber
cómo
funciona el mundo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Un impacto de tiempo



Y ahí me vi otra vez. Sentado sobre la cama (casi en un loto) revisando las imágenes que tenía en carpetas perdidas adentro de un celular antiguo que, por alguna razón, había vuelto a cargar. Quince años después, volvía a mirarlas allí. Aparecieron fotos que ya no recordaba haber tomado, las de la luna, las de mis amigos. Y las de mi habitación. Las de mi casa, las de una fiesta. Y las de mi habitación. Las de un bosque en invierno, las de una playa perdida. Las de mi habitación.
Había fotografías que saqué en la soledad. Nunca vistas ni vueltas a ver. Quince años después, estaba solo en mi departamento. Pero de pronto estuve en mi pieza de veinte-añero, sentando frente a un computador que tuve, fumando un cigarrillo que tuve. Y tomándome fotografías. Y de estar sacando fotografías, de pronto estaba escuchando música, de pronto mi perro empezaba a ladrar y escuchaba también el motor de un vecino que hoy estaba muerto.

Casi parecía poder vivir en ese "para siempre". Casi pensé que todo podía ocurrir de nuevo.

No recuerdo el tiempo ni la distancia que habré estado recorriendo todas esas imágenes, pero sí logro volver a la esencia de aquellos instantes en los cuales me volvía a observar los jeans rasgados y las zapatillas sucias.
¿Quién volvía a decir que el tiempo era irrecuperable? ¿Quién fue ese que gritó que jamás podríamos viajar en el tiempo? Ante su mirada me hubiera haber dicho: «esta es mi demostración, este es mi tiempo y mi vida. Jamás volveré aquí».

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Shoot


Kelly
M83

Quizás a mitad de la espera más buscada
entre la calle y tu nombre y el espacio que se abre
creando un nuevo tiempo,
estaré yo.
Sobre la mentira,
bajo el arte y la más absoluta fantasía,
encontraremos un árbol tranquilo
bajo el cual sentarse
a mirar el pasto
y soñar.
Ni la lluvia
ni la música de Black Keys
entre un cuaderno y la firma
de un futuro inseguro
escrito sin tocar hoja alguna,
admirado sin intervención
como un espacio maravilloso
del cual deseo escapar
con todas mis inmensas ganas,
son capaces de dar un shoot en mi cabeza
para enviarme al vacío
el cuerpo inerte.
Me siento atrapado
y me oculto bajo los bajos
de la música
y entre las caras tristes
de la gente.
Quizás me veas en el centro
o en la universidad o en un bus
mirando siempre las cumbres de los edificios más altos,
buscando un lugar aún más lejano
donde no llegue a buscarme ni mi pensamiento
ni tu recuerdo
ni tu invención en mi mente
bajo la lluvia.

Que alguien me hable sobre soledad
con un abrigo de frío parecido
al que llevo en el alma.