jueves, 18 de junio de 2015

Vulnerabilidad



"[...] era que el patio estaba limpio, por no decir vacío. Había botado el carrusel y el caballo de madera. De cierto modo me sentí completamente ajeno en ese lugar al cual volvía, en mi memoria, cada año durante los meses de junio. El viento de otoño era el clásico, esa tenue brisa que calma los nervios acompañando las mejillas de un frío terrible.
Miré al cielo y me sorprendí. Pero no por las nubles grises; no por las aves que cruzaban intranquilas, no me sorprendí por un recuerdo del momento. 
De un momento a otro sentí a Mauricio a mi lado. Su perfume se colaba entre mis narices y su imposta, su presencia se volvió indescriptible. De pronto sus pantalones eran más oscuros y de un café más fuerte, su camisa era demasiado blanca y su cara firme y dura. Su rostro denotaba algo que jamás había visto en él.
-Este lugar me recuerda al libro Rosshalde, de Hesse.
-No me hables, aquí, de literatura.
-¿Qué ocurre?
-¿No te das cuenta? Mira este lugar.
Sus ademanes eran grandilocuentes, observaba todo a cuanto se refería. Me miraba de forma fija, con fuerza, mordiendo a ratos su labio. Una leve fuerza de impotencia y rabia intensas cubrían su cuerpo.
Hice lo que él decía: observé. Noté los árboles, iguales a como siempre habían estado; escuché los arbustos moviéndose con el viento, tal como lo hacían hace años; miré las rejas, arregladas pero iguales a fin de cuentas.
-Está todo igual a cuando éramos niños.
Mauricio continuó su silencio. Miraba al cielo. De cierto modo sentí que traspasaba algo de su sentimiento a mi mente, no supe qué decir. Y no supe qué decir cuando vi una de sus manos ir hacia su rostro y tapar su boca. Me quedé quieto y lo observé netamente a él. Hice desaparecer el paisaje, el patio, los árboles y el cielo. Solo quedó, para mí, su silueta en mitad del terreno.
Sus ojos de pusieron pequeño y comenzaron a correr lágrimas rabiosas por sus mejillas.
-Está todo igual que cuando éramos niños -me dijo y me miró-. Mira este lugar y , por favor, date cuenta. Todo sigue igual. Y yo estoy solo.
Como si de una epifanía se tratara, logré entender, en ese preciso momento, a Mauricio en su totalidad. Se volvió un joven de quince años al que le molestaba que se rieran de una mujer inválida, se convirtió de pronto, y nuevamente, en el muchacho de veinte años del que sus amigos reían porque era virgen.
Mauricio, en su totalidad, se convirtió en algo que yo jamás habría creído: una persona igual a mí."

domingo, 14 de junio de 2015

Sábado



"Si bien la lluvia ha sido algo de mi agrado durante toda la vida, aquella noche esto se potenció radicalmente. Metido entre estos dos tipos que conversaban, mientras giraba mi cabeza de un lado a otro para intentar quedarme con el recuerdo de sus gestos, escuchaba, casi como un pequeño zumbido, el boche que metía la luvia que se disparaba al suelo afuera de la casa.
Sentado en el living pude apreciar sus rostros: la desesperación por un lado y la empatía por el otro.
-No sabes cuánto me encanta que a vos te dé lo mismo todo esto.
-Sí.
-No... no lo sabes. No sabes cuánto de bien me hace sentir que a vos todo te dé lo mismo.
De un momento a otro aquello que se consideraba una vez negativo, era ahora absolutamente positivo. Noté en el rostro de Ernesto las marcas invisibles del dolor, quizás en la forma de su boca al hablar o tal vez en la manera en que arqueaba las cejas. Raúl, sentado frente a él, asentía sin abrir sus labios, escuchaba y yo, como dije antes, entre ambos, observaba.
La noche avanzó, pero ya olvidé quién fue la persona que llegó después. Alguien interrumpió la conversación. Pude ser Pedro pidiendo disculpas o Ismael diciendo otras cosas. Un detalle que da igual a estas alturas. Las cosas que ocurren durante una noche dan para conversar mucho tiempo.
En algún momento me quedé dormido y, al despertar, retumbaban en mí muchas palabras inconexas: pelea, lesbianas, vasos rotos, discusión". Son las que recuerdo ahora, en un momento de calma y ya más perdido entre la vida. No desperté sobrio, daban las 4 am y todavía mis amigos seguían bebiendo y bailando. Me levanté del sillón en que estaba y fui al patio.
Ernesto y Raúl seguían conversando, esta vez en una esquina afirmados contra las panderetas. No me acerqué y me limité a mirarlos a través de mi vista nublada. Ismael se me acercó junto a Mateo.
-Al parecer quedó la cagada -me dijo Ismael.
-¿Sí? -contesté.
-Sí. Pero da igual... no tenemos nada que ver -dijo Mateo.
Pedí un cigarro a alguna de las chicas presentes y agradecí, supongo, con una sonrisa más que retorcida."

lunes, 8 de junio de 2015

L I T



No puedo solucionar la fatiga
es un cansancio
del camino
que no he andado
y ya siento que he corrido
tantas veces
en sueños
en mi living pensando de pie
sin moverme en el espacio.
Cómo hago
para combatir mis ganas irrefrenables
de cambiar mi mundo.

Siento que si no soluciono
la incertidumbre
penaré cien años
deambulando por casas
intentando tocar guitarras inexistentes,
escuchando vibraciones de otro tiempo.

Adónde iré a dar
en el laberinto de la vida.

No es posible que al escuchar una guitarra
yo quiera ser quien toca esa guitarra
o que al ver un concierto
yo quiera ser por quién se va a ese concierto.
Quisiera mirar a todos desde arriba
no por sentirme superior
sino por sentirme realizado.
Poner una meta gigante,
la meta más alta que se ocurra
y al menos rozarla un par de segundos.

Envidio a la gente
que vive su vida
sin miedo
sin sentirse incapaces a cada segundo,
aquella gente que
no anhela un imposible.

Envidio a todo el mundo
y no tengo más que decir.

domingo, 7 de junio de 2015

Qué diría Kafka hoy día frente a un espejo



Yo te quiero.
Pero te quiero como se quiere
atrapar al tiempo.

Cuando se pierde la costumbre
de mirarte a los ojos
durante un par de horas.
A veces creo que te conviertes
en ilusión
y que no ocurriste
como la mayoría de mis momentos.

Te escribo en silencio,
en la soledad de mi vida,
desde lejos
cuidando que jamás sepas que esto es para ti,
guardándome entre la cobardía
y la estupidez
de la confusión.
Así quizás no daño a ninguna otra persona
y me olvido de las heridas
y me olvido del dolor
y olvido quien soy y quien fui.

Si tú no entiendes
qué está pasando acá,
cómo es que mis ojos
no te paran de mirar.
Si tú no entiendes
cómo es que no te puedo hablar
y es que los nervios
no me dejan actuar.

Y ahí estás
afirmada junto a la pared
junto a tus amigas
esperando que yo me acerque a hablar.

Si tú no entiendes
que yo soy igual
a todos los niños que hay en las calles.
Si tú no entiendes
que yo soy igual
a cualquier idiota que tú conoces.