miércoles, 28 de enero de 2015

Rustcohle

A los quince descubrimos la fuerza
                (cómo olvidar los quince),
luego vino el entendimiento,
la potencia de los veinte,
la creencia de creerlo todo
porque fuimos todo.
Duró varios años hasta los treinta
cuando miramos hacia el lado y entendemos
que nuestro camino es diferente a cualquier otro.
Los treinta y la duda,
los treinta y las ganas de descansar y echarse.
Y de pronto llegan los cuarenta y los veo aceptando
que hay cosas que se deben dejar pasar.
Y dejan de leer libros con pasión de querer escribirlos,
dejan de ver películas con ganas de conversarlas de verdad,
dejan de mirar televisión para solo perder tiempo
y de fumar sin tener las ganas de hacerlo.
Aparecen en las esquinas
a una edad irreconocible
que los ha dejado tan destruidos
que se parecen los unos a los otros
como si todos fueran uno
como si todos fueran otro.

Parece que el paso del tiempo
no fue hecho para los que estamos vivos.
Parece que el tiempo
fue hecho para los muertos.

Y ahí es donde todo
ocurre
una y otra vez,
y otra vez,
y otra vez,
y otra vez.

Mi lado sol, Mila Resol

Ella era bella y bailaba. Había que golpearla. El humo de los cigarrilos y la música que iluminaba la habitación completa invitaba a la sonrisas de un lado a otro. Había que golpearla, porque era demasiado perfecta y cantaba como nadie. ¿Quién eres y dónde estás?
De pronto recordaba alguna canción de cuando fui niño:

Dile a papá
que me deje de golpear,
Dile a mamá
que ya no volveré a correr
que no volveré a jugar
cuando mis amigos no están...

Quizás el paso del tiempo era más molesto de lo que pensábamos y mientras yo obsevaba las murallas y los cuadros, las ventanas y los candelabros, el pensamiento (era necesario golpearla) arrasaba con mi vista. Una burla, un chiste y una sonrisa. Ella parecía no querer aceptar nada, ella no quería decir más de lo necesario. 
De pronto me acordé de ti, de tu silueta a mitad de la nche y de algún insulto cuando llevábamos cuarenta minutos en mi auto. Un track antiguo nos golpeaba el rostro, tu nariz apuntaba una imagen indescriptible y mis labios, tranquilos y necios como siempre, se preocupaban de mantener la conversación.
Y si tú no existieras dónde estaría yo.

... y que las burlas quedarán
para siempre atrás.
Dile a papá
que algunas cosas andan mal
que no me canso de gritar
que mis pulmones van a estallar.

Era, sin duda, el inevitable diálogo con mi pasado. Yo jamás iba a golpear a otra persona. Vos no me habías hecho nada más allá de haberme volado los pensamientos como una bala a mitad de la calle. De un momento a otro había olvidado el tiempo y no me importaba el espacio.
Arriba una estrella se elevaba y yo parecía querer decir algo que aún hoy no me atrevo a contarte.
Arriba, a lo lejos, pensé que había una mujer sobre alguna estrella.
Arriba, justo aquí, yo sentía que estaban tú grabada sobre las paredes de mi mente.
Entonces llegaron las luces de la ciudad y la música empezó a movernos dentro de un lugar que consideramos único. Me mirabas como por primera vez, como hace años cuando quise conocerte y no sabía tu nombre. Tú podrías pensar lo mismo, pero jamás me lo ibas a decir. 
Jamás ibas a nombrarme frente a tu familia o tu novio (ese imbecil que nombraste como un idiota de buenos sentimientos), ni ibas a tener una conversación graciosa sobre la forma en que nos conocimos.
Jamás ibas a decirme que te gusté desde antes, jamás dirías que me seguías con esa mirada que mis amigos descrubrieron y de la cual yo tenía alguna idea. 
Jamás ibas a decir, tampoco, que jamás se te habría ocurrido que yo estaría ahí contigo ahora.

Y es que tú no me hiciste un favor
cuando yo te llamé
siento solo un niño.
Y es que tú no me diste ningún rencor
solo es mi culpa
el haber sido un niño.

A la larga, lo único que siempre importó fuimos tú y yo sonriendo mientras conversábamos sobre alguna película, sobre una canción que para ti valía más que ninguna otra y que yo apenas conocía de lejos. Creo que me había perdido mil veces antes pero vos eras alquien que valía la pena, porque cuando estábamos juntos el mundo podía explotar.
Sin pensarlo dos veces, nosotros éramos el momento correcto en algún punto del universo.
Lo único que nos quedaba era mirarnos. El golpe ya lo habíamos aceptado.


lunes, 26 de enero de 2015

PET SEMATARY

Esto todos lo estamos haciendo: viviendo. Cada uno a su manera, yo acostado en el suelo y tú almorzando con tus tíos, riéndo, mirando. Otro estará en una ciudad lejana junto a su abuela. Son iguales, callados, necios, tranquilos y muy inteligentes, empáticos. Yo estoy soñando con alguna cosa del futuro junto a alguien que también soporta el calor, a la distancia.
Ella no sabe que existo. Para ella el tiempo quizás es algo diferente a lo que yo pienso, pero a pesar de ello a ambos nos absorve y llama, a ambos nos mueve y nos condena. ¿Podré acordarme de todas las mujeres que me gustaron una vez? ¿Podré acordarme de todas las bandas que me gustaron alguna vez?
¿Podré seguirme moviendo al ritmo de la música punk?

jueves, 8 de enero de 2015

Culpa (blame)


Por culpa tuya
recordé a la musa 
de mi amigo W.D.
a mitad de la noche
del siete de enero.

Tres y media de la madrugada
y el humo no permite ver las estrellas.

Porque cuando me subo a esa bicicleta pareciera que las guitarras van a romper el pavimento que cruzo con el viento en la cara justo en el momento en que la gente ya no se saluda porque tiene miedo de tantas cosas que les han ocurrido en noches iguales a estas con la luna alta y grande y las estrellas tan lejanas que parecieran ser un invento para dejarnos callados en la noche y evitar que preguntemos cosas trascendentales.

Ella me dijo que no quedaba mucho tiempo
que en cualquier momento llegarían.

[ Sus labios rojos
y su mirada
ante sus paredes blancas
me volvieron loco desde el fondo ]

Y tuve que gritar.

Y grité:

Pero... que "la pasión se había quedado atrás",
contestó,
que "todo era mentira",
que "nada era lo que parecía",
ella también gritó.
Justo cuando su pelo la envolvía
y una botella de vodka o ron
caía al piso envolviendo con ese ruido tan delgado
toda la habitación.

Entonces comenzaron los golpes al aire,
al pasado,
a los recuerdos,
a la reaparición de aquello que no podemos decirnos siempre.


Y ella tenía algo que decir,
tenía algo guardado.

Y lo dijo.

Que "yo no soy tuya
como cuando me conociste,
Yo he sido la que se perdió de todo
cuando me escribías
y me decías que era todo para mí
sabiendo que las mentiras eran lo más fácil de crear.
Porque la culpa la tienes tú
y me dices que te provoqué,
que mi cabello lo hacía todo,
que mis ojos eran demasiado grandes 
y mis labios perfectos.
y yo caminaba a través de la ciudad como si todo fuera cierto".

Y era cierto 
y callé
porque esa verdad no podía ser escuchada por nadie más.
Porque nadie más podía conocerte como yo,
porque en el fondo yo decía que eras mía
cuando sabía que eras del mundo.
Y entonces gritaba.
Y entonces escribía.

Y vos me creías.

Y entonces ocurrió que cerré la puerta
y desde adentro dijiste
"yo decía que te creía"
y la verdad se había acabado
como nunca antes.