domingo, 9 de noviembre de 2014

Lectura de Trakl

Recuerdo el primer día que leí un texto de Georg Trakl.

Cómo pensar el tiempo, ahora; y el día, ahora; con las manos en los bolsillos un día de invierno; sin pensar en Trakl corriendo, cuando niño, a cargo tuyo, a través de una plaza.

De a poco he comenzado a pensar en el mundo. Ser tan pequeño a ratos da vértigo cuando miro a las estrellas. De atrás mío apareció mi amigo Matías, quien tocó mi hombro y me preguntó si íbamos a ir a comprar o no. "Sí, vamos". Me pasó un cigarro y abrió la reja de la casa. Caminé afuera y nunca dejé de mirar las estrellas. Sacó el auto mientras un perro se cruzaba con una perra a la luz de los focos del auto. ¿De quá manera, todo esto que ocurría (el auto, el perro, yo mirando las estrellas, la perra, las luces de los focos, mi amigo manejando), afectábamos al universo entero?

-Creo que ser famosos es algo ínfimo.
-A nivel estelar no somos nada. Cualquier cosa que hagamos en la Tierra no se sabrá nunca en esa estrella -dijo mientras apuntaba al cielo.
-No existimos.
-Aún así, es mejor tener algo que nada.
-¿A qué te refieres?
-Aún así... me gustaría ser el hombre más famoso de este planeta.

De un momento a otro estábamos viendo las luces de las calles de una manera diferente. Corríamos a ochenta cruzando las avenidas más conocidas de la ciudad a una hora en que nadie andaba. A ratos nos encontrábamos algún travesti en una esquina o algún malabarista en un semáforo. No teníamos dinero ni para uno ni para otro. Eso, hasta que en una esquina, por la cual tuvimos que pasar tres veces apagando y encendiendo los focos, se nos acercó un tipo ofrenciendo drogas.

-¿Tienes la plata?
-Obvio.
-Pásamela.

Matías estiró el brazo con dinero hacia afuera de la ventana y lo volvió a meter dentro con una bolsa en la mano. Guardó lo que traía dentro de su chaqueta y partimos en el auto sin despedirnos del tipo que se mataba de frío ahí afuera.