viernes, 25 de julio de 2014

21:22

En la soledad de la casa
escucho The Smiths:
yo no soy ese charming man
ni estoy en Londres
ni al parecer en ningún lado.


Cuando te comenté por primera vez eso del dolor gigante, de la curiosidad porque desconocíamos la vida y creíamos que no había peor angustia que el no querer, llegamos a los veintitrés años. Es difícil y jamás lo esperamos. Nunca pensé que la vida era tan terrible: nunca pensé que había llegado la época de los dolores infinitos.
Mis padres no ignoran que nosotros sabemos mucho sobre algunas cosas en especial: abortos, miradas, groserías, escribir. Escribir.

( tú dirías que es desahogarse, pero da lo mismo
porque ya no estás )

Entonces sin darme cuenta me atreví a ir a tu casa y golpear la puerta sabiendo que lo más probable era que nadie me iba a abrir, sobre todo después de notar que alguien me había observado a través de na cortina que se movió para ser bien cerrada. Miré el cielo, los edificios del frente: no ibas a llegar y se hacía tarde. ¿Qué importa a veces el tiempo cuando los dos sabíamos que estábamos completamente perdidos? 
Realmente, aunque no me creas, te busqué.
Y no te busqué porque te amara o porque el cariño por vos fuera absoluto. Te busqué porque de un momento a otro, sobre todo cuando pasó la rabia, noté que no tenía con quién hablar. Me importaba una mierda no tener tu mirada ni tu voz. Me importaba una mierda no poder hacerte el amor ni pelear contigo. Me importaba no tener cómo hablarte. Me importaba que no estuvieras ahí en el computador al menos para hablarte como se le habla a la pared. 
El hombre busca a las mujeres como los perros a la luna.
Parece que a fin de cuentas era mejor terminar de una perra vez.