viernes, 15 de febrero de 2013

PARA LOS HIJOS

He visto tantas veces a ese hijo de puta.
Los hijos de perra de la televisión esperan que me pase horas sentado en un sillón, con las luces apagadas, mirando con la mirada fija en la pantalla, el millón de palabras que escupen sobre un escritorio. Siento tanto cuando veo el viento arriba de un par de casas y esto sentado atrás de una ventana mirando como si todo fuera un desierto y yo estuviese despeinado.

He notado tantos minutos en que se me mira como a un perro.
Like some perro.

Los pelos de mis brazos se retuercen al escuchar sonar las campanas que cuelgan afuera de la puerta de entrada. Está todo tan jodido mientras busco comida en el refrigerador, mientras abro las puertas para sacar los platos y el pan que quiero comer: una paila con huevos revueltos. Entre lo perdido de lo que es existir se vuelcan a mirar nuestras espaldas los que han perdido algo ahí en mitad del juego.

Antes ya he pedido otras oportunidades, pero al final siempre las palabras sobran y todo termina siendo una pérdida sin vuelta atrás. Siempre hay algo que termina por nunca volver.

LIBERTAD

Ya ni estas y siento cómo mis hombros se van cayendo.
He pensado que lo que no está pesa más
y vos sigues ahí, mirando desde un lugar escondido al final de mi memoria;
en tu lugar.
Donde debes estar.

Dos sillas y el par de personas que nos separó
[Tus labios, sí, tus labios],
el humo del cigarro en el patio techado y el viento sopla con un poco de lluvia,
mi sonrisa y el vaso con ron que se vuelve yo,
y un par de miradas que vuelan por entre las ampolletas.

Estoy contando la historia que todavía se mantiene en la mirada,
de la que se oyen todavía las palabras,
una donde se sienten el calor y el frío y el viento en la cara.

[Desearía volver a reírme en la plaza mientras invento historias con mis amigos a loas doce años]

A veces noto que volví a ser el mismo de antes,
que quizás no cambie.

Veo por la ventana que sigue igual de empañada
y hablo de las mismas cosas, siempre.

La reina.

Ya se nos arrancó esa parte donde el destino decía que íbamos a estar juntos,
se vertió entonces un color amargo y un sabor brillando en la mesa,
con los brazos en el pecho,
con las manos en la cara,
masticando este momento en que lo nuestro pide una oportunidad.
Las palabras sobran,
el viento sopla muy fuerte desde el fondo del acantilado
allí donde se ve el mar.

Que pase el tiempo,
otros han dicho que es bueno.

Lo infinito se perdió.

La libertad sigue dando vueltas en alguna parte.

Se ve al príncipe que vivió tirando su esperanza con la mirada perdida en el cielo
uno que busca maneras de hacer que pasen las horas en que no encuentra solución.
Se ve que es contento
y cuando cruza los dedos se vulnera su corona, su capa,
su mirada de hombre con sangre en las venas, corriendo.

Se nota que ambos estuvieron felices
aunque ella esté muerta y él lo olvide,
perdiéndose en la locura, sintiendo que no existió antes,
que buscó las almas,
que estuvo mirando la vuelta atrás y el eco le daba zancadas en las escaleras del cerro.

Olvidó con el gorro puesto.

¡Cuántas veces no me he preguntado!
¿Seré aquel camino,
aquella huella perdida en las zuelas de mis zapatillas?
Y responde el eco,
otra vez el eco,
el eco,
otra vez,
otra vez el eco
y mis nervios se acentúan y mis labios se resecan y me muerdo
sin querer los brazos las uñas los labios las memorias.

Ahí entre un par de relojes,
de tiempos que se pierden en las alfombras de ese tipo de barba que no busca más que lo que se perdió entre sus piernas rodando por las patas de las sillas, desplegándose como una madeja de lana que resbaló hace tanto tiempo, terminando como algo perdido entre lo perdido de años antes.

Y ahora tendrás esa que te dije ibas a olvidar:
las veces cuando yo pedía continuar.

Hojas
cayendo
río abajo
por entre los
pastos verdes
que se fueron yendo
y pudriendo a medida que
nosotros corríamos como pendejos.

Y ahora como un niño parado en la calle
me miro a la cara, me muestro los dientes
me siento en el pasto y miro a la gente
pasar con sus bolsas tan diferentes.
Uno de otro se safó y se miró
a los ojos, con mirada te tonto
como si las cosas terminaron
como si ya nunca existieron
fue una decisión de ellos.
Ahora miran otra vez al presente
algo inexistente para quien sabe,
para quien entiende y pretende guardar
eso que otros van a olvidar.

Un par de horas pasé escribiendo un jardín completo,
terminando cada tallo, cada pétalo,
completando cada flor con nada más que palabras perdidas en una hoja en blanco:
imaginar que haces magia y que alguien más te está mirando las muñecas.

Ahora pasan las horas y no encuentro solución.

Siempre hay que querer que la canción sea mejor.