jueves, 29 de noviembre de 2012

DESDE ARRIBA


Nunca nos van a decir 
la verdad que nos haga un bien




Arriba de una torre, con un catalejo, vemos.


I
"Cambio y fuera"


Las tardes son naranjas.
Quizá sea por su aroma.

Solo, como un pájaro, pero encerrado en una jaula, que a diferencia del pájaro, cada uno escoge, por razones cualquiera: un juego de computador, una lectura, comodidad, comida, vergüenza. Qué importa.
A la larga siempre va a terminar viendo programas de farándula en la televisión y comiendo unos panes con palta, antes de empezar a pensar en lo mal que todo va. Si a la larga, no puede hacer nada, aunque odie mucho, aunque ame mucho, aunque tenga mucho. Quizá sirva conformarse con decir groserías frente a una pantalla que brilla, moliéndole los ojos y el cerebro.

Los hijos de perra de la televisión van a cubrirse siempre la poca espalda que les tira fuego.

Desde arriba, es una hormiga..., menos que una hormiga: una bacteria, por lo tóxico. Porque desde el cielo nada se ve, quizás sí los colores que cambian, pero nunca a él, sentado en el sillón con la cara metálica y paralizada como una máscara que se va secando a cada paso.
Eso, es no existir.

Y qué importa, ¿Por qué hay que actuar bien y valer la pena?
¿Por qué hay que ser siquiera consecuente?

El libre albedrío del hombre llega hasta donde lo decida el hombre. Cuando ocurre un un delito, cada persona en la tierra es cómplice. Quizá con esa sentencia baste para todo lo que se tenga que decir.





Nada de diez mandamientos,
nada de Ser superior al que tener miedo ( al que temer )
Se es lo que se es.
Se da lo que se tiene y nada más.
Y que con eso baste.




Desde ese punto de vista miró por la ventana a los perros ladrándole al imbécil que pedía comida en las casas. La mirada fija en el idiota ese con su saquito de feria con cosas mendigadas a gente que tiene mucho y le da poco. Al llegar a su reja, gritó el "aló" vivamente, sin encontrar respuesta de inmediato. Desde la ventana, lo miraba y no hacía nada, con tranquilidad y visión de un animal que acecha a la presa sin misericordia.
Entonces el tipo sin querer miro a la ventana, que estaba sin su visillo abierto, y vio a quien lo enjuiciaba con los párpados bien abiertos.

II
"Bienvenido a la ciudad de los perdidos"

Ahora, vemos a un hombre que ve pasar el tiempo con su codo en el sillón y una palma en su cara, tapando los ojos. Piensa cosas. 
Oh, disculpen, el catalejo se desvió, las carcajadas no pueden parar.
Ahora, hay que pegarle a un anciano, meternos la ciudad en un bolsillo y volver a dirigir la mirada a un hombre que, en sus espaldas, carga un bate para golpear a gente que lo mire feo.

Quizás sentarse a ver televisión todo el día no esté tan mal.
¿Qué sabemos sobre la vida de cada tipo de estos? ¿Qué sabemos sobre criticarlos como si fueran cualquier persona?
Aunque claro, quizás a nadie le importe que el tipo haya sido violado y maltratado por sus padres cuando era niño. No, para qué, esos son detalles nimios.

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